Dentro de sus aposentos privados a bordo del Érebo, la inmensa nave crucero oculta con camuflaje sobre la órbita de la ciudad, Jaden estaba sentado con las piernas cruzadas, bañado por una suave iluminación color ámbar. La habitación era minimalista, tranquila; un marcado contraste con la tormenta que se gestaba fuera de sus muros de acero.
Mantenía los párpados cerrados en meditación, pero su mente estaba alerta. Un elegante auricular negro parpadeaba débilmente en su oído derecho.
—El barrido