Fabiano
La noche está cargada de tensión mientras la camioneta atraviesa la ciudad a toda velocidad. Las luces de los edificios pasan como destellos, apenas iluminando el interior del vehículo. Yo estoy en el asiento trasero, con la mandíbula apretada y el corazón palpitante de furia y preocupación. Mi hombre de seguridad, Miguel, está sentado a mi lado, con su mirada fija en la pantalla de su laptop.
—¿La tienes localizada? —pregunto, tratando de mantener la calma en mi voz.
Miguel asiente si