Fabiano
En mi despacho, la luz del sol entra por las ventanas, llenando la habitación con un cálido resplandor. Estoy sentado en mi sillón de cuero, repasando unos documentos cuando Leonor toca suavemente la puerta.
—Adelante —digo, levantando la vista para verla entrar.
Leonor se acerca, con su habitual andar seguro y su sonrisa amable, toma asiento frente a mí. Se nota la curiosidad en sus ojos, adivinando que tengo algo importante que decirle.
—Buenos días, señor —saluda ella acomodá