Comenzó como un susurro.
No una voz.
No un sonido.
Simplemente… algo.
Me quedé helada a mitad del pasillo, mis dedos rozando la fría pared de piedra mientras una extraña sensación se enroscaba en mi pecho.
No era dolorosa.
No era mía.
Fruncí el ceño, mirando a mi alrededor.
El pasillo estaba vacío; largo, débilmente iluminado por antorchas parpadeantes, sombras que se extendían por el suelo como si tuvieran secretos propios.
Pero la sensación no desapareció.
Si acaso…
Se hizo más fuerte.
Un agu