El aire era denso, cargado de tensión.
El sonido de las hojas susurrando con el viento era lo único que se escuchaba,pero Laila sentía que el bosque entero contenía la respiración.
La manada Escarlata no atacó. Pero tampoco mostraron señales de ser aliados.
Kano se mantuvo erguido, su postura relajada pero dominante.
Sus ojos rojos no se apartaban de Laila, como si analizara cada movimiento, cada respiración.
Kano (con voz grave):
“No estamos aquí para pelear contigo, Laila. No somos tus enemig