El amanecer llegó suavemente a Cuarto Creciente, pero en la cabaña principal, el aire seguía cargado de tensión. Aria observaba a sus hijos mientras se movían por la casa, pero su atención estaba fija en Laila. Había algo en su hija adoptiva que no podía ignorar, una sombra en su mirada, un peso en sus hombros que iba más allá de los eventos recientes. Como madre, sentía la necesidad de acercarse, de ser el refugio que Laila necesitaba, pero como Luna, sabía que debía elegir sus palabras con cu