Elena no supo cuánto tiempo estuvo así, con la cara enterrada en el pecho de Leandro mientras sus brazos la sostenían, pero eso era todo lo que necesitaba en ese momento.
Él no dijo nada, no intentó explicarle nada, tampoco buscó darle palabras que aliviaran algo que no tenía alivio tan fácil.
Leandro solo estuvo ahí, presente, apoyándola y cuando Elena finalmente se separó, se limpió la cara con el dorso de la mano y respiró.
— Perdona. — Soltó Elena con una exhalación.
— No… — Respondió