Elena preparó la mesa ella misma, no porque no hubiera personal en la mansión Valer, sino porque quería que cada detalle fuera exactamente como ella lo había imaginado.
Las velas en el centro, las tostadas con mermelada de naranja en un plato lateral, el vino que a su padre le gustaba desde hacía años.
Todo perfecto.
Raúl llegó puntual, como siempre, con la sonrisa tranquila de un hombre que cree que tiene el control de la situación, porque lleva toda la vida teniéndolo.
— Qué sorpresa tan