El juicio duró tres semanas.
Tres largas semanas en las que Elena se sentó en esa sala todos los días con la espalda recta y las manos quietas sobre sus rodillas, escuchando cómo cada pieza de evidencia que había recolectado durante todo este tiempo se convertía en un ladrillo más de una fosa en la que ellos no tenían ninguna salida posible.
Tres semanas en las que Elena aprendió que la justicia no se vivía solo en un momento, sino que también era un proceso a veces agotador, que descifraba u