Capítulo 57
—Nathan, ¿no te habías ido ya a casa? —preguntó Elena en voz baja, aún entre los brazos del hombre. Su voz era apenas audible, perdida entre los latidos de un corazón que iba demasiado rápido.
Nathan suspiró, soltó el abrazo lentamente y la miró con suavidad.
—Sí. Pero dejaste tu teléfono en mi coche —dijo, señalando el móvil que Elena había olvidado en el asiento del copiloto—. Y, de alguna manera… no me sentía tranquilo.
Elena asintió levemente y tomó su teléfono con manos temblor