Capítulo 58
Isabella arrojó sus gafas de sol al suelo de la habitación, haciendo que el cristal se hiciera añicos. Su respiración era agitada, su rostro enrojecido por una ira que aún no se disipaba.
—¡¿Cómo se atreve Damian a abofetearme?! ¡Y encima delante de esa perra! —murmuró entre dientes apretados.
Comenzó a caminar de un lado a otro, desordenando su cabello a medio arreglar. Vergüenza, rabia y dolor se mezclaban en su pecho. La voz de Damian resonaba en su mente, defendiéndola… pero no