El reloj marcaba las 00:42. Elena acababa de cambiarse su vestido de gala por un pijama de satén color champán. Su cabello caía suelto y su rostro lucía fresco, a pesar del cansancio que comenzaba a apoderarse de ella. Apagó la luz de la sala y entró en su habitación, acompañada únicamente por el suave murmullo del agua en el pequeño jardín junto a la ventana.
Justo cuando estaba a punto de recostarse en la cama, su teléfono vibró suavemente sobre la mesita de noche.
Holic llamando…
Elena frunc