Capítulo 49
Damian acababa de abrir la puerta de su lujosa casa en el centro de la ciudad cuando el sonido de unos sollozos lo recibió. El frío del exterior aún no había abandonado su cuerpo, pero allí dentro el ambiente ardía… no por la temperatura, sino por las emociones que lo consumían todo.
Isabella estaba sentada en el sofá, todavía con su camisón de satén rojo sangre. Sus ojos estaban hinchados, su rostro empapado en lágrimas. En sus manos sostenía un marco con la fotografía de David, su