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El silencio llenó la habitación, con solo el suave zumbido de la respiración y el silencioso tictac del reloj de pared. Las luces tenues creaban una atmósfera cálida y suavemente iluminada, como si los envolviera en un abrazo donde el tiempo se hubiera detenido.
Nathan se sentó en el borde de la cama, con el cuerpo ligeramente inclinado y una mano tocando suavemente la espalda de Elena. El toque era pausado, como el de alguien que lee poesía directamente sobre la piel de la persona amada.
—E