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Había pasado una semana. El sonido de las puertas de metal al abrirse y cerrarse resonaba por los pasillos de la prisión de mujeres de Rikers Island. Los pasos de Damian sonaban firmes a lo largo del suelo de baldosas grises. Su mano sostenía un gran sobre marrón que no había soltado desde el principio.
Isabella estaba sentada detrás de una gruesa división de vidrio, vistiendo un uniforme penitenciario naranja que hacía que su rostro luciera aún más pálido de lo habitual. Su cabello, que alg