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Elena, Nathan y Sonia acababan de terminar de probar varios modelos de vestidos de novia en su boutique favorita. Una sonrisa seguía dibujada en los labios de Elena, aunque en su rostro ya se reflejaba un ligero cansancio.
—Me gusta el último. Te queda perfecto, Elena —comentó Sonia mientras se acomodaba en una de las butacas de la sala de espera de la boutique.
Nathan asintió sin apartar la vista de su teléfono.
—Mamá tiene toda la razón. Incluso yo me quedé completamente fascinado.
Elena