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El cielo de la tarde comenzaba a teñirse de rojo cuando el coche negro de Damian se detuvo lentamente frente a la mansión Lancaster. La puerta principal se abrió antes siquiera de que pudiera llamar, como si su madre hubiera estado esperándolo desde hacía tiempo.
—Has vuelto temprano —dijo Margareth con una expresión indescifrable.
Su rostro seguía siendo hermoso y elegante a pesar de los años. Vestía un vestido de satén oscuro y un collar de perlas que acentuaba aún más su aire aristocrátic