Duncan se sentía enfermo.
En cuanto puso los pies en la mansión quiso caer de rodillas y suplicar para que pudiera tocar a Rosalie, abrazarla no como un desconocido que la rescató.
Pero como su marido, tomarla en sus brazos y gritar al mundo que ni la muerte fuera capaz de alejarlos.
Pero sabía que eso le haría parecer loco, ella y sus hijos no tenían como entender aquella broma del destino, él mismo no entendía porque estaba de vuelta.
Él se había preparado todo el día para esa cena, pidiendo q