En aquel momento terrible, Duncan experimentó un dolor alucinante, una agonía que parecía trascender los límites de la propia comprensión humana. El impacto brutal contra la pared fue como una avalancha de sufrimiento, una fuerza devastadora que le robó el aliento instantáneamente. Aunque sus pulmones luchaban en busca de aire, se le negó la respiración, ahogándolo en un silencio angustioso.
Sin embargo, en medio del mar agitado de sensaciones abrumadoras, su único pensamiento persistente era e