Punto de vista de Elara.
Sentí la vibración del pecho de Lorenzo contra mi cabeza mientras corría.
«¡Traigan una camilla! ¡Ahora!», resonó la voz de Lorenzo.
Unas manos me agarraron. Me levantaron y me colocaron sobre una superficie dura y fría. Las luces del techo se convirtieron en una sola línea blanca.
«¡Sus signos vitales están bajando!», gritó una voz.
«¡Está sufriendo una hemorragia! ¡Llévenla a la habitación cuatro!»
«¡Elara!»
Escuché la voz de Dante. Era distante, amortiguada por el so