Silvano, mirando las noticias, sonrió por las brillantes ideas que se le ocurrieron. Tomó su celular y llamó con urgencia. Del otro lado, la voz cordial de una mujer saludó. Silvano fue directo:
—A la mujercita del heredero Falcón le gustan las redes sociales. Vamos a jugar su juego.
—Usted dirá —respondió Patricia Altamira.
—Quiero que hagas que se vuelva viral la noticia de que la hija que presume Eduardo no es de él.
—Pensé que no le gustaba la guerra cibernética —comentó Patricia.
—Pa