Eduardo recordó los días que le tomó descifrar la contraseña de la laptop que Serena encendía en la noche o madrugada para escribir. A veces se quedaba dormida con las manos sobre el escritorio e Ismael iba y la cargaba hasta la recámara. Fueron días de observación en las sombras, porque sabía que al colocar mal la contraseña sonaría la alarma. Memorizó cada tecla hasta que la consiguió, para encontrar únicamente letras contando historias. No había los juegos de los que Héctor le hablaba cada