Ismael y Serena se encontraban en la habitación secreta bajo la biblioteca. Sus dedos recorrían los botones de la camisa de Ismael mientras el rítmico sonido del agua llenando la bañera los envolvía. Ella se aferró en un abrazo con sus piernas al cuerpo tibio de Ismael, cuya virilidad crecía con cada beso.
La piel, libre de cada capa de ropa, fue conquistada por caricias y besos que se distribuían desde la frente hasta los pies. Él besó uno a uno cada pliegue de los labios de Serena, cuyos g