El silencio en la sala acomodó las ideas en Belén. Por fin entendió que no era una rezagada o una carga; tenía su espacio y tiempo. Fabián encajó muy bien y trabajaba en los proyectos de Eduardo; ella ayudaba con el mantenimiento de la casa, además de ser el soporte que Fabián necesitaba para no colapsar. Llevaba dos vidas en su vientre y por naturaleza estaba limitada, pero era parte del equipo. Sonrió con la mano de Fabián acariciando su mejilla y lo besó.
—¿En qué piensas? —preguntó él col