Capítulo 36

​Belén entró a la casa de Inés dando un portazo seco. Con su respiración agitada, encendió la laptop y reabrió el documento de La danza eterna; sus manos plasmaron en la hoja sus dudas y enojo en una danza que continuaba cada noche a las diez hasta terminar el vals.

​Al día siguiente, con lentes oscuros, un traje negro y una blusa blanca, se fue temprano al museo. El guardia, al verla, saludó animado.

​—Como vamos a ser compañeros de trabajo, ¿qué tal si almorzamos juntos? Al mediodía termina m
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