Capítulo veintiocho. Ojos que no duermen.
Kael apenas había cerrado los ojos. El calor del pequeño cuerpo de Liam, acurrucado contra su pecho, lo mantenía anclado a una calma que no sabía que necesitaba. A su lado, Lyra respiraba con lentitud, pero él sabía que no dormía. Sus cuerpos estaban cerca, pero no se tocaban. Había una distancia invisible hecha de recuerdos perdidos, de verdades que ninguno se atrevía a nombrar.
La herida de Liam había sido superficial, pero el miedo que sintieron… no.