LYRIC
—Lo siento, señorita, pero vengo a recoger a alguien. No puedo llevarla, si es lo que pregunta.
Apenas pude contener la risa al escuchar a Rufus, uno de los guardias más antiguos de mi padre, mientras sus ojos miraban por encima de mi hombro, buscando a la persona que tenía que recoger del aeropuerto.
—Lo sé. Vienes por Lyric Harper, ¿verdad? Rufus, soy yo.
Entrecerró los ojos con recelo.
—Todavía no me has dicho cómo sabes mi nombre. Y… ¿cómo vas a ser Lyric? Es imposible.
Negó.
—Lyric es…
—¿Fea? —completé yo, con una amplia sonrisa.
Arrugó la frente y negó. En ese entonces, Rufus era el único que nunca había sido capaz de llamarme fea. Era de los pocos que se preocupaban por mis sentimientos, e incluso ahora, frente a una desconocida, seguía sin poder usar esa palabra.
Me reí.
—Bueno, ¿te ayuda si te recuerdo que tu sopa favorita era la crema de calabaza y que la pequeña Lyric y tú jugaban Serpientes y escaleras?
Sus ojos se iluminaron al reconocerme. Abrió la boca, atónito.
—¡Por Seraphis! ¡Lyric, en serio eres tú!
Abrió los brazos y no dudé en refugiarme en un abrazo cálido.
En aquel entonces, Rufus y yo casi no pasábamos tiempo juntos, pero siempre hacía que los pocos momentos que compartíamos valieran la pena. Era lo más cercano que tuve a un padre.
—¿Cómo es posible? —preguntó, después de interesarse por cómo estaba—. Tu cara… ¡Dios mío! ¡Estás guapísima! Solo te fuiste cinco años y… No… no puedo creerlo.
—Es una larga historia. Pero por ahora, digamos que el destino decidió sonreírme.
—¡Ay, Lyric! No sabes qué feliz me hace verte. Estoy seguro de que tu padre estará encantado de ver que ya no eres… pues, que ya no eres poco agraciada.
Me reí de su intento por no usar la palabra “fea” conmigo.
En cuanto a mi padre, puse los ojos en blanco, en mi imaginación. Sentí un poco de tristeza por haberme visto obligada a regresar por su culpa después de cinco años. Mi vida en Draconis era perfecta.
—A ver. Llevo esto al auto —dijo Rufus, tomando mi equipaje.
—Sí, adelántate y te alcanzo allá. Tengo que recoger otra maleta. No te preocupes, no me tardo.
Me di la vuelta y apenas había dado tres pasos cuando Rufus me llamó.
—Se te cayó algo.
Miré al suelo y vi la imagen escaneada. Se me detuvo el corazón mientras me agachaba rápidamente para recogerla. Rufus me observaba con sorpresa. Era obvio que había visto la imagen y se estaría preguntando qué demonios hacía algo así en el bolsillo trasero de mi pantalón.
Ay, Lyric. ¿No podías tener un poco más de cuidado?
—No… no es mío —me aclaré la garganta, esperando que mi mentira fuera creíble—. Digo, ¿quién va cargando ultrasonidos de fetos en el bolsillo?
Lo guardé de nuevo en el bolsillo y me alejé de prisa.
***
Tenía los brazos cruzados sobre el pecho mientras esperaba en el área de recolección de equipaje. Mi otra maleta llegaría en cualquier momento.
Mientras esperaba sin hacer nada, pensamientos inquietantes cruzaban mi mente. Mi padre me quería en casa por dos razones. La primera era para cortar lazos con Roderick.
En nuestro mundo, cuando dos lobos se unían, ataban un listón como señal de su unión y lo guardaban en un templo. Así que, cuando querían separarse, había dos pasos a seguir. Primero, tenían que renunciar a su unión de palabra y, segundo, cortar el listón juntos.
Después de que Roderick renunciara a mí como su compañera, no volvimos a vernos. Las circunstancias me obligaron a alejarme. Pero ahora, él estaba desesperado por completar los últimos pasos. Al parecer, había elegido una nueva compañera, pero no podía aceptarla mientras siguiera parcialmente atado a mí.
La verdad, yo también había esperado el día en que pudiera terminar las cosas con ese imbécil. Era mi pasado, y el estúpido listón era lo último que nos mantenía unidos.
—Señorita, ¿me permite un momento? —dijo alguien a mi espalda.
Me di la vuelta y vi a un lobo corpulento con un traje negro y lentes oscuros. No necesité que nadie me dijera que era un guardia.
—¿En qué puedo ayudarlo?
Arrugué la frente.
—Se podría decir. El Alfa de allá quiere hablar con usted.
Miré hacia donde señaló, un pequeño bar, pero no pude ver al sujeto al que se refería. Su cara quedaba oculta por la barra.
Contuve el impulso de poner los ojos en blanco. Últimamente, era agotador. Era obvio que nunca podría salir a la calle sin llamar la atención de los demás.
—Tengo prisa. Dígale que lo siento —respondí.
El guardia apretó la mandíbula.
—No puede ignorarlo.
Su tono dejaba claro el mensaje: era un Alfa poderoso y no podía ignorar su petición. Pero no me interesaba conocer a nadie.
—Lo siento. En serio.
Aparté la mirada. Era una falta de respeto ignorar el llamado de un Alfa. En un mundo donde los rangos importaban, podía ser uno de los poderosos y castigarme severamente, pero no estaba de humor para hablar con nadie.
—Es el Alfa Roderick, de la manada Nightshade —añadió el guardia, como para tentarme.
Pero no tenía idea de que acababa de reabrir viejas heridas.
Mi mirada se posó en él y luego se desvió rápidamente hacia el bar donde estaba sentado el sujeto. ¿Roderick? ¿Mi ex? ¿Con quien vine a terminar las cosas? Imposible.
Sentí una presión inmensa y tuve que hacer un gran esfuerzo para mantener mis emociones bajo control.
—Con más razón no quiero verlo —murmuré, dándome la vuelta.
—¿Qué dijo?
—Dije que no voy a verlo —dije entre dientes, clavándome las uñas en las palmas de las manos.
El guardia me dedicó una mirada de desaprobación antes de alejarse, y yo suspiré temblorosamente. Ahora, ¿dónde demonios estaba mi maleta?
Me acerqué a uno de los empleados y le exigí noticias, y me aseguró que llegaría en cualquier momento. Por desgracia, no fueron lo suficientemente rápidos, porque al poco rato, vi que Roderick se acercaba a mí.