JARIS
No me imaginé que se pondría tan necia por un simple collar.
Para mi mala suerte, mi suite daba al lugar donde estaba sentada. Así que pude ver todo el tiempo que pasó ahí, aferrada a no irse sin él.
Me ganó la curiosidad y abrí el relicario. Para mi sorpresa, contenía cenizas.
Era una vieja costumbre incinerar los cuerpos y conservar las cenizas. Ya nadie hacía eso. Entonces, ¿por qué lo haría ella? ¿Y por quién?
Eso me hizo entender por qué era tan importante para ella. Y por alguna razón que no logro explicarme, sentí que tenía que salir a devolvérselo.
Estaba furiosa. Nunca había visto tanta furia en su mirada.
Y mientras salía por la reja, la seguí observando. Todo pasó muy rápido. Ella no estaba estorbando ni nada, pero un auto la atropelló.
Sentí que se me fue el aire. Reaccioné por instinto y corrí hacia ella, adelantándome a los guardias. El conductor se dio a la fuga, dejándola abandonada a un lado del camino.
Algo no estaba bien. Iba por la orilla segura. ¿Ese carro la