*—Uriel:
La acampada había sido simplemente perfecta.
Después de haberse amado bajo la luz plateada de la luna y el parpadeo distante de las estrellas, habían decidido continuar la noche dentro de la tienda, esta vez para que Danny pudiera estar más cómodo. Allí, entre el roce de las telas y el sonido apagado del viento nocturno, Uriel lo montó con un frenesí casi salvaje, rebotando sobre él con una mezcla de desesperación y hambre que hizo que el interior de la tienda se convirtiera en un horn