*—Uriel:
Se quedaron un rato abrazados, sintiendo cómo sus respiraciones agitadas poco a poco volvían a un ritmo más pausado. El aire fresco de la noche les acariciaba la piel húmeda, y el olor de la hierba y la tierra se mezclaba con el aroma cálido de sus cuerpos.
Danny, todavía con el pulso acelerado, giró sobre el mantel y se acomodó boca abajo, dejando que Uriel quedara encima de él. En cuanto se acomodó, Uriel lo sintió: otra vez duro. Sonrió para sí. Claro, su amado siempre había tenido