COSTELLO
Maverick había tocado suavemente, evitando que sospechara que algo iba mal hasta que abrí la puerta. Entonces ya era demasiado tarde.
Me miró directamente a los ojos, la boca rígida mientras decía una sola frase:
—¿Qué hiciste esta vez?
Estaba jodido.
Estábamos jodidos.
Solo llevaba mis boxers y estaba cubierto de sudor frío. Lo único que separaba a mi padre de Scotch era yo. De pronto la lujosa habitación del hotel se volvió diminuta, y mi cerebro buscaba con desesperación alguna vía