SAMIRA
—¿Samira?
Esto es agradable. Esto es cálido.
—¡Samira! ¡Samira, por favor…!
Déjame en paz. Por fin puedo dormir. No me había sentido tan relajada en años.
—Te amo… así que por favor, solo… despierta.
¿Caine?
Mis ojos se abrieron de golpe. Entrecerrando la vista por las luces brillantes del techo, intenté protegerme; algo tiró de mi brazo, manteniéndolo inmóvil. Entré en pánico y empecé a forcejear, demasiado confundida para comprender lo que pasaba.
Había estado soñando…
Pero antes de es