CAINE
—Sucedió. Finalmente sucedió.
Ella caminaba de un lado a otro, sujetándose la cabeza y hablándose a sí misma a toda velocidad.
—Samira, cálmate.
Girando hacia mí, dejó que lo que quedaba de su compostura se hiciera añicos.
—¡Se la llevó! Oh, joder, oh no… ¿y si la lastimó? ¿Y si…?
La tomé con firmeza, obligándola a mirarme.
—¡Detente! —gruñí.
La claridad regresó a sus ojos—me estaba escuchando.
—Llama primero al hospital. Tal vez la llevaron allí.
El temblor de su barbilla dejaba claro qu