Valentina tiró con fuerza hasta romper algunos cabellos, finalmente liberándose.
Se sentó y preguntó: —¿Qué es lo que pasa?
Mateo la miró: —¿Lo hiciste a propósito?
Fue entonces cuando notó la posición en la que estaba: al intentar desengancharse del botón, se había terminado sentando sobre él.
Ahora estaban en una posición comprometedora.
Su mente quedó en blanco y, por instinto, apretó sus piernas.
Con ese apretón, los ojos de Mateo se enrojecieron. Los músculos bajo su pijama se tensaron. Pus