Valentina sonrió.
—No me he ido.
—¿Pero te irás? Ahora que no puedo verte, temo que te lleves a Sofía y me abandones.
Valentina guardó silencio.
—Sé que quieres alejarte para no hacerme sufrir el dolor del hechizo —continuó Mateo—. Pero Valentina, más que el dolor del hechizo, temo perderte a ti y a Sofía. No importa qué dificultades enfrentemos, las superaremos juntos. No te rindas, por favor, no me dejes. Ya han pasado tres años. No quiero perderlos a ustedes por otros tres años más.
Al escuch