Héctor miró las lágrimas en su rostro: —Si lloras así cuando aún no ha pasado nada entre esa mujer y yo, ¿no te morirías de llanto si realmente ocurriera algo?
Nadia rápidamente se defendió: —Qué presumido eres. ¿Quién dijo que estoy llorando por ti? Suéltame, ¡quiero cerrar la puerta!
Nadia se secó las lágrimas e intentó cerrar la puerta del coche.
Pero no pudo. Héctor la agarró por la muñeca, la sacó del asiento delantero y la metió en el asiento trasero.
Nadia forcejeó: —¿Qué estás haciendo?