Nadia mira a Héctor y de repente le rodea el cuello con los brazos:
— No me siento bien, señor Celemín. Ten piedad de mí.
Héctor sabe que cuando ella toma la iniciativa, nada bueno sucede. Realmente quiere poseerla ahí mismo, pero recordando que casi se desmayó hace poco y que está débil, logra contenerse.
— Nadia, ¿lo estás haciendo a propósito?
Nadia parpadea inocentemente:
— ¿A propósito qué, señor Celemín?
Provocarlo, jugar con él.
Nadia intenta retirar su mano, pero Héctor la sujeta y la gu