Esta vez Luciana no estaba fingiendo; realmente le dolía. Grandes gotas de sudor frío rodaban por su frente.
Pero esta vez Mateo la ignoró. Era como el niño que había gritado tanto "lobo" que ya nadie le creía.
Valentina se acercó a Luciana y la miró desde arriba: —Luciana, deja de soñar, ¡jamás pensé operarte!
Luciana reaccionó rápidamente: —Ya entiendo, todo esto es tu conspiración. Siempre supiste que estaba suplantando tu identidad, fingiste acceder a darme la operación, pero en realidad tra