Mateo asintió. Sí, no volvería a dudar.
Debía salvar a Luciana, costara lo que costase.
Mateo miró a Valentina:
—Valentina, será mejor que trates la enfermedad cardíaca de Luciana. No quiero obligarte.
El corazón de Valentina cayó hasta el fondo. Mateo realmente se había puesto del lado de Luciana y esos asesinos.
Valentina sonrió con frialdad:
—Señor Figueroa, si quieres obligarme, ¡primero veremos si tienes esa capacidad!
Marcela dijo:
—Valentina, qué arrogante eres. Aunque seas la doctora mil