Diego no reaccionó, permaneció en silencio.
Daniela lo observaba. Recién salido de la ducha, su cabello corto y ordenado todavía estaba húmedo. Vestía una camiseta negra y pantalones negros, lo que le daba un aire juvenil y apuesto.
Cocinaba muy bien, una habilidad que había desarrollado desde pequeño. Un hombre que sabe cocinar es doblemente atractivo.
Cuanto más lo miraba Daniela, más le gustaba: —Diego, ¿por qué no me haces caso? Si sigues ignorándome, te haré cosquillas.
Daniela levantó las