Daniela pronunció cada palabra con claridad: —Diego, acabas de verme desnuda.
Diego la miró. —No es cierto.
—¿Todavía lo niegas? ¿No me estabas mirando hace un momento?
Diego suspiró resignado. Claro que la había mirado, no estaba ciego.
El hermoso y delicado rostro de Daniela estaba cubierto por un rubor. Solo pensar en lo que acababa de pasar la avergonzaba; había creído que era Valentina quien había entrado, no él.
—¿Qué viste exactamente? ¿Qué escuchaste? —preguntó Daniela.
Diego permaneció