Luciana le pedía a Mateo el vestido que Valentina llevaba puesto.
Su maldito espíritu competitivo no le permitía perder ante Valentina ni dejar que se llevara toda la atención, así que debía conseguir ese vestido a toda costa.
De hecho, no era la primera vez. Ya en aquella ocasión en las aguas termales, Luciana había intentado arrebatarle la ropa a Valentina.
Mateo miró a Valentina.
En ese momento, Daniel rodeó con su brazo la delgada cintura de Valentina y sonrió —Señor Figueroa, en todo hay un