A pesar de su infancia difícil, Valentina no había perdido el valor para amar, entregándose con sinceridad tanto a Catalina como a Mateo. Ella tenía muy claro que amar no significaba ser inferior, ni le daba para que otros la maltrataran, especialmente ahora que ya no sentía nada por Mateo.
—¿De verdad ya no sientes nada por mí? —preguntó él, con una sonrisa burlona en sus delgados labios.
—No, yo... ¡mmph! —Antes de que pudiera terminar, él la silenció con un beso.
Su mente quedando en blanco.