Daniela se puso de pie sin intimidarse: —Luciana, acláralo de una vez: estás en la casa de los Cruz, no en la de los Figueroa. ¡Llévenselas de aquí!
—¡Sí, señorita!
Antes de que Luciana y Mariana pudieran resistirse, con un fuerte golpe fueron arrojadas afuera, cayendo de bruces frente a la puerta.
¡Ja, ja, ja!
Aurora se rio sin piedad.
Daniela sonrió traviesamente, con el rostro lleno de satisfacción. Había prometido "atenderlas" bien.
¿Se atrevían a meterse con su buena amiga Valentina? ¿Acaso