Mateo giró la cabeza para mirar a Aitana.
Ahora ella estaba tocando su mano, sintiendo su suave piel, y también había rozado el lujoso reloj en su muñeca, frío y exquisito como él mismo: algo que no te atreves a tocar, pero que deseas tener.
Aitana se sonrojó.
—Señor Figueroa, aquella noche... Yo estaba dispuesta. Era mi... Primera vez. ¿Recuerda nuestra noche juntos?
Joaquín notó que la situación era complicada e intentó intervenir:
—Mateo...
Pero el hijo de un magnate que estaba a su lado lo d