Los ojos de Valentina se enrojecieron, pues siempre había sabido que él era un experto en humillar a las personas, despellejándolas vivas y haciéndolas pasar la mayor vergüenza posible.
No habría permitido que Daniela lo llamara, pero incluso si lo hubiera hecho, ¿qué importaba? ¡Él no había usado protección!
—Entiendo lo que quiere decir, señor Figueroa. No se preocupe, no volveré a llamarlo. Puede irse. —Valentina se esforzó por mantener la mirada en alto, intentando contener las lágrimas que