Valentina yacía de espaldas mientras él permanecía sentado al borde de la cama, como una típica pareja en medio de una discusión.
—Bien. —Dijo Mateo después de un largo silencio, apretando los puños antes de levantarse y irse.
Las lágrimas volvieron a brotar sin control de los ojos de Valentina. Se cubrió el rostro húmedo con la sábana, intentando convencerse de que no era gran cosa, que solo había sido una noche juntos. Si él no la quería, lo tomaría como la mordida de un perro. Sin embargo, s