Valentina miró a Mateo mientras sostenía el helado.
Él permanecía de pie, observándola en silencio, como esperando su respuesta.
—¿Acaso todo tiene que ser necesariamente comprado por un hombre? Lo compré yo. —Mintió.
Las dos chicas parecían dudosas.
Mateo la miró, curvando sus labios. ¡Pequeña mentirosa!
Ella, queriendo evitar más discusiones, se dirigió a Luis: —Ya no quiero estar más aquí. Volvamos a la habitación.
Luis asintió. —De acuerdo.
Cuando se fueron, Mariana comentó con amargura: —El