A solas en el camerino que Esteban había vaciado por petición suya, Valentina se acomodó frente al espejo del tocador. Con movimientos delicados, recogió su abundante cabello negro en una cola baja que dejaba al descubierto la línea de su cuello. Aunque su belleza natural rara vez necesitaba realces, pues había sido bendecida con facciones perfectas, esta vez decidió aplicarse un maquillaje discreto y un toque de color en los labios, realzando más su presencia.
Entonces, se escuchó la voz de Est