Luis murmuró: —¿Hm?
Sara enterró su rostro en su pecho y susurró: —Luis, lo siento.
En su sueño le estaba diciendo que lo sentía.
Realmente lo lamentaba.
Luis esbozó una sonrisa resignada y le respondió en voz baja: —Olvídalo.
Esa palabra simple: olvídalo.
Ella lo había engañado.
Ella lo había usado.
Ni siquiera le gustaba.
Solo quería que tuviera un hijo con ella.
Todo eso, olvídalo.
Luis besó suavemente la frente de Sara: —Buenas noches.
Cerró los ojos.
***
A la mañana siguiente.
La cálida luz